La literatura de terror era, en última instancia, un procedimiento
donde, en la normalidad o en las vidas de rutina de una bella familia unida, o
una mujer guapa o una niña melancólica, aparecía la maldad y la fealdad y
martirizaba a los buenos inocentes. Nos producía miedo.
En los cuentos de Pablo Espinoza Bardi encontramos, en
cambio, personajes que participan del juego de aterrorizar a los demás y de ser
aterrorizados a la vez. El que aterra también está aterrado.
Tú también estás en el juego, tú también torturas, tú
también aterrorizas, tú también morirás. Como una ruleta rusa.
Esto perturba.
Esto produce hipertensión, sudor helado.
Se han traspasado las fronteras. Seres normales como tú y yo, en la
faceta B, en la faceta de la maldad. No hay seres raros, o zombis, o figuras
mitológicas. No hay dramatismo fácil. Son simple y pobres seres humanos
involucrados, como tú y yo. Neurotizados en un limbo tecnológico (como en el
cuento “Entropía 2.0”).
